“Me quería quemar ahí”
“Mi hijo ha sido un niño muy maduro que ha sabido asimilar las cosas, lo único que todavía no ha podido sacar de su cabeza después de lo ocurrido es a Pinina”.
El sábado 30 de diciembre de 2006, a las 3 y 30 de la tarde, la comunidad de los asentamientos Altos de la Virgen, en la comuna 13 de Medellín, ubicaba al centro occidente de la ciudad, se disponía a celebrar sus fiestas de fin de año con natilla, buñuelo y tres marranos que matarían en la cuadra, cuando un incendio iniciado por una pipeta de gas acabó con las ilusiones de 80 familias.
Los quince minutos que tardaron los bomberos en llegar al sector, la escasez de agua y la rápida propagación de las llamas, hicieron que las tablas y el cartón, materiales con los cuales se construyeron los hogares de esta zona, fueran consumidos en su totalidad, “dejando una percepción de desolación y desesperanza entre los miembros de estas familias”, según doña Tulia, mama de William.
En este panorama esta William Fernando, segundo en una lista de cinco hermanos, descendientes de Tulia Inés Trésiga Vélez, campesina oriunda de Yarumal y quien a los 15 años de edad se desplazó hacia Medellín en busca de mejores oportunidades, de educación y empleo, y de José William Jiménez Guzmán obrero de esta ciudad, quien dedica su esfuerzo y trabajo en la instalación de redes de gas.
Sin haber superado el golpe psicológico del incendio, doña Tulia y don José se vieron obligados a presentarse al día siguiente al lugar que había sido su hogar durante tres años, debido a un censo que el municipio de Medellín realizaría a las siete de la mañana para asignarle a las familias afectadas un subsidio de vivienda al cual tenían derecho.
A pesar de las constantes insistencias de la comunidad, quince familias del asentamiento no recibieron esta ayuda, ya que según las investigaciones realizadas por las autoridades, pagaban impuesto predial.
“Yo me quería quemar ahí también, porque tenía muchos recuerdos de la casita. Cuando me tomaba fotos con mi tortuguita y en las mañanas veía venir los pájaros”. La sensibilidad de este niño, de 11 años, quien amaba vivir en el asentamiento porque tenía los mejores recuerdos de su infancia, hicieron que el incendio afectara su estado emocional debido a la pérdida de sus mascotas y los momentos alegres que compartió con sus amigos según Ana María Montoya, profesora acompañante en el proceso psicológico de William.
Ana María dice, que, “después del incendio, William se convirtió en un chico muy retraído, me tocó realizar un proceso psicológico para enseñarle que las cosas materiales que se perdieron no tenían importancia, que valorará el hecho de que sus hermanos y padres estaban vivos”, aunque concluye diciendo que “para un niño que amaba tanto los animales, como William, perder su mascota es un golpe muy duro y difícil de superar”. El amor del niño por la naturaleza lo veía reflejado en Pinina, su tortuga, quien años antes había sido rescatada por William en un camino de tierra amarillenta, donde estaba enferma y sola. Doña Tulia, al ver al animal herido, decidió recurrir a la medicina casera y con macerados y paños logró sanar las heridas de la compañera inseparable desde aquel momento para William.
El incendio además de Pinina, cobró la vida de ocho cachorros recién nacidos que murieron incinerados y desaparecieron en cenizas. La colección de dinosaurios, que por esos días le había regalado su padre, debido a la admiración que William les tenía por su hermosura y porte, también se quemó.
Doña Tulia expresa que, “para William todo esto fue muy doloroso, ya que Pinina lo era todo para él, así su animalito no hablará”.
William, debió iniciar un proceso y tratamiento psicológico con los profesionales del proyecto Acoger de la Fundación universitaria Luís Amigó, para superar la crisis que lo había convertido en un chico retraído y algo depresivo.
Dentro de las terapias y el tratamiento que recibió William para superar el trauma del incendio, el grupo Acoger en compañía de las personas afectadas, sembraron, en el lugar donde fueron sus casas, girasoles como un acto de esperanza con la vida y con el asentamiento.
Como complemento de estas terapias, los profesionales de Acoger, realizaron actividades lúdicas para evitar que William recayera en las depresiones que lo habían convertido en un chico retraído y poco socialble.
William recibió de su madre otra tortuga, para tratar de borrar el recuerdo de Pinina, pero esto no fue suficiente para olvidar a su mascota, pues él dice, que el amor no es algo que se reemplaza fácilmente por otra cosa así sean de la misma especie.En una iniciativa más profunda por normalizar la vida de William se le permitió ingresar a nuevos espacios sociales, como el programa de la policía comunitaria de la Policía Nacional, donde recibe adiestramiento de carácter, amor, principios y valores patrios. Además, en su tiempo libre, el niño recibe clases de natación, en compañía de su inseparable amiguita Kelly, compañera de estudio, de juegos y del proyecto Acoger.
Actualmente, el Municipio de Medellín paga los 150 mil pesos que les cuesta el arriendo en el barrio Juan XXIII, ubicado en la comuna 13, en una casa de ladrillo con tres habitaciones, una amplia sala, un baño, cocina y terraza.
La familia de William recibió otras ayudas, entre ellas la entidad española Mallorca Amiga los dotó de estufa, nevera, licuadora, olla arrocera, plancha y un juego de sabanas, además del apoyo de la Fundación Universitaria Luis Amigó, a través del proyecto Acoger.
Ahora el niño aspira viajar a Argentina, país que admira por sus glaciares, su acento, su cultura y especialmente por el tango.
Es por esto que William hoy ha vivido dramas y superaciones, nostalgias y alegrías, ha encontrado amigos y agencias de cooperación como la Fundación Universitaria Luis Amigó a través del proyecto Acoger, quien con su intervención en problemáticas sociales, le permitió este niño seguir con el desarrollo y la realización de sus sueños, para que algún día, como él lo afirma, pueda ser un infante de marina y así proteger con su esfuerzo y dedicación las fronteras colombianas.
Ahora William y su familia esperan que Comfama les preste los dos millones de pesos que le hacen falta para su nueva casa en la urbanización Mirador del Valle, ubicada en el barrio La Aurora, de la comuna 13, después de que el Gobierno Nacional, el Municipio de Medellín y Comfama por medio de la caja de compensación familiar aportarán 20 millones de pesos.